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MALENA, Paco Morata

Dedicado a los hombres y mujeres

que disfrutamos con las canciones de Aute

Ha muerto Aute, lo hemos sabido desde el confinamiento.  Ha muerto Aute y hemos vuelto a escuchar sus canciones, como un homenaje:di que el cielo tiene granos y que afuera hace mal día cuéntame el chiste del gato dame aquella medicina… Con ese estilo de escribir los poemas sin signos de puntuación que muchos copiamos.

Al escuchar las viejas canciones,me he visto transitando un camino de vuelta al pasado,a los últimos años de Franco,a los últimos cursos de carrera, a las últimas cargas de los grises a caballo.Los grises vigilando perennes los campus envueltos en niebla; las huelgas; el concierto de Raimon:La nitésllarga, la nit. Per  aunsésnit de festa, per a unsaltres, nit de dol, de cremar amor. Nitvella, de sentir la morttot sol.

He visto una historia de amor que imagino. Una historia de amor que comienza unamañana, digamos, de finales de octubre, sin que pueda precisar el año, aunque puedo decir que Franco ya ha muerto. Suena el timbre de un piso de estudiantes en Cuatro Caminos. Abel se rebulle en la cama. Está solo en casa.Los demás se han ido a clase. Él va por las tardes. Suena el timbre otra vez, insistente; la voz de Lucía (ábreme, Abel, que no tengo llaves). Abre la puerta (joder, tía…)  y se corta.Detrás de la cara de Lucía (Gracias. No sé dónde las he puesto. Bueno, mira. Te presento a Malena, se viene a vivir con nosotros), la mirada de Abel se ha cruzado con unosojos muy limpios. Malena arrastrauna maleta (¡Hola!,¿te ayudo?).Dos besos. Unos ojos del color de la ceniza (sí, por favor), la boca carnosa. Traía un violín en la mano y una canción adornando sus labios (fue en este cine te acuerdas en una mañana al este del edén james dean tiraba piedras…)

—¿De quién es esa canción que cantas?

—De Aute. ¿No conoces a Aute?No sabes lo que te pierdes

En el pick up de su cuarto escucharon mil veces las canciones de Rito, vuelta y vuelta, sin pausas, enviciados con de alguna manera tendré que olvidarte por mucho que quiera no es fácil ya sabes, como un presagio, una premonición, hasta que consiguieron robar Espuma en El Corte Inglés y se engancharon a anda quítate el vestido las flores y las trampas ponte la desnuda violencia que recatas y ven…, después de que ella le hubiera mirado con una sonrisa burlona, mientras le preguntaba, como quien pide la hora(ya nadie pide la hora):

  • ¿A ti cuánto tiempo te va a durar el embarazo?
  • ¿Qué embarazo?
  • El de las ganas que tienes de besarme.

Había llegado a Madrid desde un pueblo de la Mancha.Estudiaba Psicología, pero quería pintar.Notenía el tufillo a incienso de las chicas de colegio de monjas, ni el uniformismo de las progres de manual.Le gustaba perder el tiempo mirando la vida, las canciones de amor, descubrir todo aquello que pudiera esconderse detrás de unos labios cerrados, de unos ojos abiertos, de unas manos buscando su piel.Miraba y vivía , reía y cantaba.Dos noches por semana cuidaba del bebé de una amiga: una niña que tenía una hernia y nunca debía llorar.Para que se calmase, la ponía a dormir sobre su pecho desnudo, piel contra piel, y le cantaba a bonico una canción de Moustaki, siempre la misma, en francés:Il y avait un jardinqu’onappelait la terreilbrillaitausoleilcomme un fruitdéfendu non ce n’étaitpas le paradis ni l’enfer

Fueron solo unas pocas semanas, pero Abel nunca pudo volver al de antes:le cambió los jerséis de pico ceñidos, de demócrata cristiano, por los marcelinos de gruesa mezclilla anarquista que ella misma tejía en punto bobo;lo sacó de los túneles del metro, de los viajes subterráneos, a la luz de la calle. Le enseñó a faltar a las clases y cómo era Madrid por arriba.Recorríanla villa sobre una vespino, sorteando los taxis como kamikazes.

Lo llevó, de la torpeza del impulsourgente, al tiempo sin prisa, disfrutando de cada segundo de piel; aprendió a leer con la boca los rincones que hacen perder la conciencia a otro cuerpo. Yle quiso enseñar a ser libre, pero fue un cobarde y no quiso aprender.

La imagino tan triste una vez que acabó aquella historia.Cantaría llorosa: mis labios se secan e intento besarte qué fría es la cera de un beso de nadie y nada más apenas nada más…

Como yo canto ahora, recordando aquel tiempo, y aprieto los párpados para no derramar ni una lágrima por todo aquello que pudo haber sido y no fue:a ti mi flor primera de estío en la madrugada… a ti mi adolescencia que vuelves en la distancia recordándote…

Ha muerto Aute y fumo en la noche junto al ruido de las calles repletas de historias… que no quiero olvidar.

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