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JESUCRISTO SE APARECIÓ EN MORATALLA

José Jesús Sánchez Martínez.-

Si la mayoría de los pequeños pueblos y grandes ciudades se enorgullecen de poseer como Patrón a un Santo o a la Virgen bajo cualquiera de sus advocaciones, más podría estarlo Moratalla -sin menosprecio, por supuesto, de esos pueblos y ciudades- cuyo patronazgo, es compartido por el mismísimo Jesucristo y Virgen de la Rogativa. El Aparecimiento de Jesucristo se remonta a finales del siglo XV y el de la Virgen, a la primera mitad del XVI.
El suceso ocurrió el 19 de abril de 1493. Al tratar de averiguar el día de la semana de dicho mes y año, nos hemos inclinado por el miércoles, sin descartar el viernes que aparece en otros lugares consultados. El caso es que tal día, un labriego o pastor llamado Ruy Sánchez que regresaba a la Villa procedente de las salinas de El Zacatín con su pollina cargada de leña y una talega de sal, cuando caminaba por las tierras de Zumeta, en la sierra de Benamor, concretamente por el lugar conocido como Las Cuestas, se vio sorprendido por un blanco resplandor; asustado, pidió ayuda al Señor y Éste –según reza la tradición- se le apareció vestido de largo con una cruz colorada en el pecho y le dijo: “Baja al pueblo y di a las autoridades que aquí, en este lugar que me encuentro, me edifiquen una casa” . Sorprendido, Ruy Sánchez obedeció el mandato: aceleró el paso y llegando a Moratalla, puso en conocimiento de las autoridades el suceso y las palabras del Señor, pero no le creyeron. Regresó el labriego al lugar del Aparecimiento y contó al Señor lo que le había ocurrido. Entonces le dijo: “Puesto que eres manco de nacimiento, sane tu brazo de su manquedad, muéstralo y eso les convencerá”. Volvió nuevamente Ruy Sánchez a la Villa y extendiendo el brazo, todos quedaron maravillados y convencidos del milagro, creyendo así sus palabras. Multitud de vecinos con las autoridades al frente, se dirigieron al lugar por el camino de Benamor y al llegar al sitio donde hoy está la Cruz del Humilladero –en las afueras de la población- vieron a lo lejos, en la montaña, el resplandor del Aparecimiento y se humillaron entonando cánticos de alabanza al Señor. Era comendador de Moratalla Diego de Soto; cura, el Abad Francisco Sánchez aunque el titular era Ginés de Fuensalida; alcalde ordinario y primer Mayordomo que sería posteriormente, Lope González.
Una de las fuentes escritas más antigua que avalan esta tradición es el Libro de Constituciones de la Antigua Cofradía del Aparecimiento, copiado años después por el escribano Antonio López Navarro y transcrito íntegramente por el Presbítero Juan de Robles Corbalán (“Historia del misterioso Aparecimiento de la Santísima Cruz de Caravaca”, libro 2º, cap. 17, f.,119- Madrid, 1615) que, estando dedicado a la Cruz de Caravaca, recoge también esta tradición del Aparecimiento de Jesucristo en Moratalla, referido más tarde por Fernando Hermosino y Damián de Mata (capítulo 24 de su libro: “Historia del misterioso Aparecimiento de la Santa-Cruz de Caravaca”, impreso en 1623). También el P. Fr. Francisco Miguel Echeverz, Presidente de las Misiones del Seminario de la Merced de Moratalla, en su libro “Pláticas Doctrinales” (Madrid, 1768) dedica buena parte de sus 379 páginas al tema en cuestión.
En Toledo fueron encontrados unos documentos originales en poder de un cura, que fue de Moratalla, llamado Diego Torrealocha o Torremocha, documentos que mandó traer Carlos Montesinos, Procurador de la Villa, y que el escribano Antonio López Navarro comprobó ante 29 testigos, redactándose un informe ordenado por el Concejo y remitido a la Audiencia Episcopal de Cartagena, siendo Obispo don Gómez Zapata. En 1685, se hizo otro informe ante la Justicia de Moratalla por el escribano Baltasar de Ludeña, confirmando el Aparecimiento de Jesucristo.
Tras el Aparecimiento, la afluencia de peregrinos fue enorme y las curaciones milagrosas se sucedían; la ermita (llamada Casa de Cristo o de Jesucristo) se edifica muy pronto, pues ya en la Visita de la Orden de 1494 se describe; también se dice en dicha Visita la existencia en el suelo, en el lugar del Aparecimiento, de un círculo de 145 pasos de circunferencia, señalado con cruces y en su centro el “monumento”, aludido también en las Constituciones, del que salió un “frayle”, elementos ambos que dijo ver Ruy Sánchez en su declaración del suceso.
Es evidente que algo extraordinario sucedió aquél 19 de abril de 1493 en el monte Benamor. En ese mismo mes y año, desligados del Aparecimiento de Jesucristo, ocurrieron dos fenómenos: un eclipse total de luna (el día 2, a las 1 h. 23’) y un eclipse total de sol (el 16 a las 6 h., 7’) en el hemisferio Sur, no visible en Europa.
(Quien desee ampliar el tema, ver mi libro: “Jesucristo Aparecido y Virgen de la Rogativa, Patronos de Moratalla”)

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